vecchio tracciato 

 

Longitud: 3000 metros

Dificultad: baja

Tiempo: alrededor de 2 horas

Equipamiento: linterna

 

Es un trayecto del ferrocarril estatal de vía única construido en la segunda mitad del siglo XIX y abandonado en los años sesenta del siglo XX, después de la realización, más arriba del mismo, del nuevo trazado de doble vía en túnel.

El tramo en desuso empieza desde la localidad Grotte y termina en la comarca Mortara,

cerca de Santa Maria Ammalati, al lado de las nueva vía del ferrocarril.

Todo el trayecto, de 3 kms. de largo (es decir, toda la extensión de la Timpa de Santa Tecla) se presenta perfectamente plano y sigue, en parte encajado entre los altos muros de sostén hechos de piedra volcánica, en parte a lo largo de cuatro túneles y, por largos tramos, permite amplias vistas sobre la planicie subyacente.

Se pueden observar, a corta distancia, las particulares rocas que componen la Timpa, las “obras de arte” de la antigua ingeniería ferroviaria y, sobretodo, la vegetación que crece a sus lados, constituida por esencias de la maquia, además que por zonas de vegetación forestal, compuestas por Encinas y Almezos.

Una posible entrada a este recorrido empieza por la carretera provincial hacia Riposto, cerca de la pequeña iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, donde se puede visitar un pesebre artístico, cuya origen se remonta al siglo XVIII.

Unos 300 metros más abajo, justo enfrente de la boca de la calle Malascesa, el terraplén que sustenta las vías del antiguo ferrocarril roza la carretera provincial. Aquí se encuentra un estrecho túnel peatonal del ferrocarril, que se puede rodear subiendo por el terraplén, a través de un estrecho y sinuoso sendero que se desanuda al lado de un frondoso Almez (Minicuccu), hasta llegar a la antigua vía ferroviaria, cerca de una señal ferroviaria sobre la cual destaca una grande letra T.

De aquí se pueden admirar, del lado del mar, encantadores paisajes hacia el pueblo de Santa Maria La Scala y, del lado del monte, villas e imponentes obras de aterrazamiento abandonadas.

Siguiendo el camino por unos centenares de metros, podemos adentrarnos entre las altas paredes de sostén, y encontrar los restos de un tubo de lava. El tubo fue partido en dos durante la excavación de la vía ferroviaria: en el tramo que da al mar se distinguen claramente las secciones de dos característicos estafilítos laminares. En cambio, el tramo que da al monte está protegido por obras de mampostería, ya que se utilizaba como lugar de amparo para los encargados de la manutención ferroviaria.

Siguiendo aún más hacia el Norte, se encuentra la entrada de un primer túnel ferroviario (de hecho el segundo del trazado, ya que el primero queda excluido de nuestro recorrido), de unos 250 metros de largo, que recibe luz de las dos extremidades e de una amplia ventana que se encuentra en el lado Este. Avanzando, se divisan dos túneles más. El primero es rectilíneo y corto (unos 150 metros) y por lo tanto muy bien iluminado por la luz del sol. En su interior, son visibles algunos nichos laterales, realizados para acoger los obreros al pasaje del tren.

El segundo es de 468 metros de largo, según se puede leer sobre una placa puesta en la entrada Sur, y para cruzarlo es necesario utilizar una linterna.

En la clave del arco puesto en la entrada Norte se encuentra la inscripción “1912”, que se remonta a la época en la que fueron llevadas a cabo las obras de consolidación para la protección del túnel.

Afuera del túnel, la mirada se pierde en la contemplación de los paisajes de los pueblitos de Santa Tecla, Stazzo y Pozzillo. Del lado del monte, en cambio, es posible admirar una espesura de Roble Pubescente, en el medio de la cual destaca un lavanara, un bellísimo ejemplar de Lentisco.

Desde aquí empieza un largo tramo al aire libre (alrededor de 1200 metros): el lado que da al monte se caracteriza por zonas de colinas terraceadas, y el que da al mar domina el paisaje multicolor de los cultivos y de la costa Jónica que se pierde al horizonte.

Al final del trazado ferroviario se encontrará una verja cerrada, y por lo tanto se tendrá que volver atrás.

Contrada Mortara

Al otro lado de la verja se encuentra el lado Norte de la Timpa di Santa Tecla, es decir la Contrada Mortara, caracterizada por extensos cultivos de limoneros, extraordinariamente arraigados en precarios aterrazamientos.

Para llegar a la contrada, procediendo de Catania, hay que llegar al cruce entre la SS 114 y la carretera provincial hacia Santa Maria Ammalati, lado Norte. Aquí, mirando hacia el este, se encuentra la boca de una estrecha calle asfaltada, calle Mortara, que lleva al pueblito de Santa Tecla.

Después de unos 200 metros, se llega a una encrucijada: se sigue embocando la calle a la derecha, ya que la de la izquierda cambia de nombre (calle D’Amico) y lleva al pueblito de Scillichenti.

Bajando entre altos pretiles, después de unos pocos metros la calle se ensancha y desemboca en una amplia curva en U que domina un puente encima del nuevo ferrocarril. Desde aquí se puede admirar un amplio paisaje sobre la planicie de Santa Tecla y los cultivos de agrios que arraigan en esta zona de la Timpa.

Avanzando aún más, parece que la calle Mortara se acabe con un grupo de casas rurales, pero, en cambio, sigue con un recorrido en forma de T: la rama Este se convierte en un camino difícil de recorrer, mientras que la rama Oeste termina sin salida. En esta última está ubicada la entrada a un terreno privado, cerrado por una verja dotada de un típico templete votivo, dominado por un ciprés. Al lado de esta verja, se encuentra otra, cerrada, que si estuviera abierta sería la entrada Norte al antiguo trazado ferroviario.

La rama hacia Este, un camino muy accidentado y empinado, vuelve a desembocar en la calle asfaltada que lleva a la carretera provincial hacia Riposto, cerca del pueblito de Santa Tecla.