La gruta del Pesebre del Setecientos, en el interior de la Iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves, representa una obra de extraordinaria belleza para la ciudad de Acireale, sea por la ambientación (una cueva natural de flujo lávico), sea por la relevancia histórica, artística y etno-antropológica.

La historia de este sugestivo Pesebre, perfecta síntesis entre potencia de la naturaleza y creatividad del ingenio humano, comienza una noche de fin de verano de 1741, cuando el cura Don Mariano Valerio y otros cofrades, de regreso de una romería, fueron sorprendidos por una tormenta y tuvieron que refugiarse en esa cueva lávica oscura y muy poco acogedora. Don Valerio, encantado por la profundidad de esa caverna, pensó montar allí “una gruta semejante a la de Belén”: por esta razón, le dio encargo a unos artesanos del lugar de crear los 34 personajes que componen la escena. Se trata de obras maestras, trabajadas en cera y madera, a tamaño natural y ricamente ataviados con trajes que se inspiran en un vago estilo popular del Ochocientos. Las caras de los personajes, de una expresividad intensa y marcadas por la fatiga de la labor del campo, dejan traslucir la humildad y la fe que los anima frente al Señor.

El pesebre, presentado a los fieles en la Nochebuena de 1852, sigue conservando su belleza original, a pesar de las numerosas obras de recuperación que se han sucedido a lo largo del tiempo. Durante las fiestas navideñas, la Iglesia, abierta todos los días, se convierte en lugar de emocionantes ceremonias religiosas que reconducen los fieles a la tradición.